
Con la musicalidad nocturna de las calles y con el sorbo oceánico de un catador que escancia su vino en la banca vehemente de una vereda, gira el fin de semana liquido como carrusel de atracción social.
Lejos del fondo oscuro de las avenidas. En la tercera cuadra de espinar, ahí, flamean las risas de unas prendas multicolores; sobre una banca atiborrada de sed que se alumbra con la energía de una ‘sola farola’. Útil para un grupo disidente de discotecas, quienes celebran su propia fiesta.
Bancas, cuerpos y veredas, escenografia callejera de diversión colectiva que no deja de proyectar por momentos sosos de anticipada resaca el concierto menos sonado y más caro del viernes; cuyos afiches de publicidad parecen despegarse simultáneamente de las paredes circundantes con el último sorbo de la bebida.
Sin organización anticipada: caen de a dos, de a uno en uno, o, simplemente, otros, no están físicamente en el ruedo. Pero la tertulia los trae a colación. El protocolo en el asfalto no existe. Se rompe como el mito de alguna leyenda urbana.
El tema de conversación viene con: Los bacilones, los proyectos, la coyuntura, los partidos políticos, la música, el deporte radical de moda, las flacas, los temas de novedad: que por que Alquaeda se paso. Y se va con: ¿en que están los que no están?, que dicen los estudios en la universidad, que los politiqueros de mierda insisten que somos un país subte, que no somos una generación X sino de M, que ya sabemos cuantos guebones nomás se benefician de la economía del país, que el presidentes es un títere de mierda, que el loco Aldo esta tramitando su pasaporte por que un empresario pesquero lo cagó con su sueldo.
Solo la bocina de los taxis traen de regreso ‘el sabor macerado del fin de semana extra’ a las mentes embriagadas de CHani, Nola, y su gentita.
Lejos del fondo oscuro de las avenidas. En la tercera cuadra de espinar, ahí, flamean las risas de unas prendas multicolores; sobre una banca atiborrada de sed que se alumbra con la energía de una ‘sola farola’. Útil para un grupo disidente de discotecas, quienes celebran su propia fiesta.
Bancas, cuerpos y veredas, escenografia callejera de diversión colectiva que no deja de proyectar por momentos sosos de anticipada resaca el concierto menos sonado y más caro del viernes; cuyos afiches de publicidad parecen despegarse simultáneamente de las paredes circundantes con el último sorbo de la bebida.
Sin organización anticipada: caen de a dos, de a uno en uno, o, simplemente, otros, no están físicamente en el ruedo. Pero la tertulia los trae a colación. El protocolo en el asfalto no existe. Se rompe como el mito de alguna leyenda urbana.
El tema de conversación viene con: Los bacilones, los proyectos, la coyuntura, los partidos políticos, la música, el deporte radical de moda, las flacas, los temas de novedad: que por que Alquaeda se paso. Y se va con: ¿en que están los que no están?, que dicen los estudios en la universidad, que los politiqueros de mierda insisten que somos un país subte, que no somos una generación X sino de M, que ya sabemos cuantos guebones nomás se benefician de la economía del país, que el presidentes es un títere de mierda, que el loco Aldo esta tramitando su pasaporte por que un empresario pesquero lo cagó con su sueldo.
Solo la bocina de los taxis traen de regreso ‘el sabor macerado del fin de semana extra’ a las mentes embriagadas de CHani, Nola, y su gentita.
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